BLOGELEUSIS: FILOSOFÍA, y más allá...


Según Walter Burkert, los antiguos misterios "eran rituales de iniciación de carácter voluntario, personal y secreto que aspiraban a un cambio de mentalidad mediante la experiencia de lo sagrado." (Cultos mistéricos antiguos)

Con los decretos imperiales de 391/392, que prohibieron todos los cultos paganos, y con la destrucción de los santuarios por los godos al mando de Alarico en 394, los misterios súbitamente desaparecieron...

¿Desaparecieron? ¿O dejaron de ser algo meramente exterior, para madurar y convertirse en lo que siempre pretendieron ser: una experiencia interior, dirigida a enriquecer al sujeto, y al margen de cualquier formalismo abstracto, vacío?

Este blog -creado precisamente en Madrid, la ciudad situada en el centro, y presidida por la estatua de Cibeles, la Gran Madre- pretende recoger el espíritu de esos misterios, sean los de Eleusis, Dionisos, Méter, Isis o Mitra, y combinarlos con el saber filosófico, para estimular el avance espiritual de aquellos que quieran participar en su creación.

Igual que en las iniciaciones del pasado, habrá en él dos niveles: el preparatorio, en el que se incluirán materiales destinados a los estudiantes de Secundaria y Bachillerato, que acaban de iniciarse en el camino del conocimiento; y el especializado, en el que el autor incluirá temas filosóficos de nivel superior, o situados en los márgenes del pensamiento filosófico "oficial". También se incluirán referencias a sus publicaciones, a fin de que puedan ser localizadas, comentadas, y desde luego criticadas, por aquellos que se encuentren interesados por los problemas a los que dichas publicaciones se refieren.


En estos tiempos que corren, oscilantes entre el dogmatismo fanático de las religiones oficiales y el más burdo de los materialismos, los defensores del auténtico progreso espiritual no pueden desesperar, ni ceder un ápice de terreno. Hoy, como siempre, este ha de ser nuestro lema:

"Fortes viri adversa fortuna probabuntur"

jueves, 28 de febrero de 2013

Philosophia delenda est


   “Señorías:

   “En respuesta a la pregunta de su Señoría, el diputado…, he de decir, en nombre de mi grupo parlamentario y del gobierno del que formo parte, que este gobierno, cumpliendo con lo que entiende es su deber, ha decidido recortar drásticamente el número de horas de la asignatura “Filosofía” en el nuevo currículo de Bachillerato, dentro del Anteproyecto de Ley de Educación que estamos preparando. Como sus Señorías saben, esta decisión recoge, en realidad, una vieja aspiración de ejecutivos anteriores, incluidos los de signo socialista, que el gobierno actual no hace más que retomar y cumplir. Si en algo han coincidido todos los últimos planes de estudio –de uno u otro signo- es en la necesidad de sustituir una materia tan obsoleta como la Filosofía por otras disciplinas más acordes con las necesidades de nuestra época. Todos estamos de acuerdo, desde hace tiempo, en que lo que nuestro apurado país necesita es emprendedores, y no filósofos.
   “Señores diputados, nosotros, al contrario de lo que algunos malintencionados dicen, no estamos en contra de la “funesta manía de pensar”; al contrario: queremos que nuestros jóvenes piensen, y mucho, pero en cosas que resulten útiles, como la evolución de los mercados, las subidas y bajadas de la bolsa, la necesaria reducción del sector público, los sistemas crediticios, el rescate a los bancos, etc. Esto es lo que verdaderamente debe de ocupar las mentes de la juventud actual, y no conceptos totalmente trasnochados, como “potencia”, “acto”, “nihilismo”, “cogito”, “noúmeno”, “fenómeno”, “formas a priori”…, que, en puridad, no significan nada, y que únicamente sirven para distraer a nuestros futuros emprendedores de aquello que debería ser el fin último y exclusivo de sus vidas: crear riqueza, aumentar beneficios y reducir costes. Creer que existe algo más allá de esto es tan ilusorio como los fantasmas que poblaban la mente del infeliz Don Quijote. ¡Y para Quijotes estamos!
   “Coincidirán conmigo sus Señorías, por tanto, en que la Filosofía es cosa del pasado, y debe desaparecer. ¿Habrá alguien, a estas alturas de la Historia, que dude aún de que se trata de un saber prescindible y completamente superfluo? Examinen, en efecto, sus diversas partes, y díganme si hay alguna que pueda ser de provecho para alguien en los tiempos que corren: ¿De qué sirve, por ejemplo, la “Teoría del conocimiento”, si lo que han de conocer nuestros alumnos es el funcionamiento de sus ordenadores y teléfonos móviles? ¿Qué sentido puede tener la “Lógica” en una época como la nuestra, en la que lo que importa es adivinar con anticipación las imprevisibles fluctuaciones del juego bursátil, que dependen casi siempre de pánicos o euforias tan ilógicos como imprevisibles? ¿Y la “Estética”? ¿Para qué? ¡Si lo único que importa es que las obras de arte, sean buenas o malas, se vendan bien en Arco, y coticen al alza en los mercados! También la “Ética” es completamente marginal, precisamente hoy, cuando para triunfar -como Vds. saben mejor que nadie- no hay que tener el más mínimo escrúpulo moral; finalmente, ¿no resulta contraproducente estudiar “Teoría Política” en un sistema tan sencillo y práctico como el que tenemos, en el que lo único que deben saber los súbditos –perdón, quise decir: los ciudadanos- es la papeleta del partido turnante que han de escoger, para asegurar con su voto la estabilidad del sistema?
   “Esto sin contar con que los filósofos siempre han representado un obstáculo para el buen funcionamiento de la Res Publica: Confucio, Sócrates, Platón, Maquiavelo, Giordano Bruno, Hobbes, Spinoza, Locke, Rousseau, John Stuart Mill, Benjamin, Adorno, Russell, Sartre…, incluso individuos calificados de “santos” por la mismísima Iglesia, como Agustín de Hipona o Tomás de Aquino: todos ellos no han hecho otra cosa que proponer reformas sociales, políticas y económicas imposibles de realizar, en vez de atender a lo verdaderamente práctico y útil, que, como vengo diciendo, es emprender y crear riqueza, cuanta más mejor.
    "La verdad es que la presencia de estos, así llamados, “intelectuales” ha sido siempre muy molesta; y la mejor prueba del incómodo carácter de estos excéntricos es que los gobiernos de todas las épocas han tenido que pararles los pies en más de una ocasión, haciéndoles sentir el peso de esas leyes que tantas veces se han atrevido a cuestionar, teniendo incluso que ajusticiarlos, cuando se ponían recalcitrantes. Imagínense cómo habría sido la sociedad sin la presencia de estos incordiantes tábanos: todo habría funcionado mucho mejor, como seguro va a suceder a partir de ahora, con la aprobación de esta nueva ley, que garantiza, de una vez por todas, la definitiva desaparición de estos inútiles soñadores. El carro del Estado podrá avanzar ya sin trabas, seguro de que ningún absurdo prejuicio idealista pondrá la menor traba para el buen funcionamiento de sus engranajes.
   “Quizás algunos nostálgicos aún se sientan impulsados a alzar su voz contra lo que ellos llaman el “brutal recorte” que va a experimentar esta materia; pero con el tiempo se verán forzados a confesar que este gobierno hace bien en proscribir esta sarta de vacías elucubraciones, que únicamente han servido hasta ahora para ralentizar el progreso del Nuevo Orden Mundial que estamos construyendo; ese Nuevo Orden Mundial en el que sobra el pensamiento abstracto, y en el que la única razón que hay que tener en cuenta es la razón instrumental, porque solo ella será capaz de conducir a España y a la Humanidad en su conjunto por el buen camino, ya que es esta racionalidad, y no otra, la que pone en marcha y hace funcionar los Mercados, el Estado y la Técnica, que es, en definitiva, lo que hay hoy, sin más.
   "Creo, en suma, que esta nueva ley, que algunos de Vds., y por supuesto los filósofos, con afán corporativista, ahora critican, será juzgada por las generaciones posteriores como una de las que más han beneficiado a nuestra nación.
   "Señorías:

   PHILOSOPHIA DELENDA EST!

   Muchas gracias.” (Aplausos y algún silbido)

miércoles, 20 de febrero de 2013

2º de Bachillerato: La Ciudad de Dios de San Agustín y el Reino de los Cielos: Repúbica de Dios vs. el Reino de los Ladrones

   San Agustín nos describe las dos Ciudades simbólicas que recorren la historia: la República de Cristo, o Reino de los Cielos, que ha de ser un reino de conciencia y justicia, y la Ciudad terrenal o Estado, un Reino de Ladrones, que solo por accidente busca la paz social:

   
   "Todo hombre, instruido en la santa Iglesia, debe saber de dónde somos ciudadanos, y a dónde peregrinamos, y que la causa de nuestra peregrinación es el pecado, y el retorno, la remisión de los pecados y la justificación por la gracia de Dios. Habéis oído y sabéis también que mientras tanto dos ciudades, corporalmente mezcladas y espiritualmente separadas entre sí, recorren estas órbitas de los siglos hasta el fin: una, cuyo ideal es la paz eterna y se llama Jerusalén; otra, cuyo ideal es la paz temporal y se llama Babilonia." (SAN AGUSTÍN, Enarrationes in Psalmos, 136, 1.)

   "Estas y otras semejantes respuestas, y posiblemente con más elocuencia y soltura, podrán responder a sus enemigos los miembros de la familia de Cristo, el Señor, y de la peregrina ciudad de Cristo Rey. Y no deben perder de vista que entre esos mismos enemigos se ocultan futuros compatriotas, no vayan a creer infructuoso el soportar como ofensores a los mismos que quizás un día los encuentren proclamadores de su fe. Del mismo modo sucede que la ciudad de Dios tiene, entre los miembros que la integran mientras dura su peregrinación en el mundo, algunos que están ligados a ella por la participación en sus misterios, y, sin embargo, no participarán con ella la herencia eterna de los santos. Unos están ocultos, otros manifiestos... Entrelazadas, de hecho, y mezcladas mutuamente están estas dos ciudades, hasta que sean separadas en el último juicio." (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, I, 36.)

   "La verdadera justicia no existe más que en aquella república cuyo fundador y gobernador es Cristo, si es que a tal Patria nos parece bien llamarla así, república, puesto que nadie podrá decir que no es una empresa del pueblo." (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, II, 22.)

   "Si de los gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en pequeño? Son un grupo de hombres, se rigen por un jefe, se comprometen en pacto mutuo, reparten el botín según la ley por ellos aceptada. Supongamos que a esta cuadrilla se le van sumando nuevos grupos de bandidos y llega a crecer hasta ocupar posiciones, establecer cuarteles, tomar ciudades y someter pueblos: abiertamente se autodenomina reino, título que a todas luces le confiere no la ambición depuesta, sino la impunidad lograda. Con toda finura y profundidad le respondió al célebre Alejandro Magno un pirata caído prisionero. El rey en persona le preguntó: ¿Qué te parece tener el mar sometido al pillaje? Lo mismo que a ti -respondió- el tener el mundo entero. Sólo que a mí, como trabajo con una ruín galera, me llaman bandido, y a ti, por hacerlo con toda una flota, te llaman emperador." (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, IV, 5)

   La lucha entre las dos ciudades será uno de los principales leitmotive de la Edad Media. Como ejemplo, sirva la maravillosa película de Ridley Scott El Reino de los Cielos, especialmente su imprescindible banda sonora:


  

A las filósofas que amo (8): Anne Finch Conway, precursora de Leibniz



   Una de mis pensadoras favoritas es Anne Finch Conway. Nacida en Londres en 1631, en una familia aristócrata, fue una de las pocas mujeres que tuvo acceso en su época a una educación científica, gracias a su hermano. En filosofía, fue discípula de Henry More (1614-1687), profesor neoplatónico de Cambridge, que le enseñó geometría euclidiana, matemáticas y astronomía. También conoció la Cábala y la Alquimia.
   Tras casarse con el vizconde de Conway, Anne convirtió su casa en un centro intelectual, donde se reunían renombrados científicos, con el célebre alquimista Van Helmont (1580-1644).
  Anne mantuvo una concepción jerárquica de la naturaleza, que considera  organizada en la Gran Cadena del Ser, en la que el ser humano ocupa una posición intermedia.
   En su libro Principios de la más antigua y más moderna filosofía, propone una concepción organicista de la naturaleza, frente al mecanicismo cartesiano. Para Conway, todos los cuerpos están vivos, y no existe ninguna oposición, como creía Descartes, entre cuerpo y alma: el cuerpo es "espíritu concentrado", mientras que el alma es "cuerpo etéreo". Conway, además, denominó a estas sustancias vivas que componen el universo "mónadas". Cada mónada está dotada de fuerza vital y refleja el universo desde su punto de vista particular.
   Este libro tuvo una enorme influencia en Leibniz (1646-1716). Efectivamente, tras morir Anne en 1678, Van Helmont viajó a Hannover, donde presentó su obra a Leibniz, que se sintió atraído inmediatamente por su contenido, y se decidió a incorporar su concepción monadológica a su sistema filosófico. Paradójicamente, aunque Leibniz siempre reconoció la influencia de nuestra pensadora sobre su filosofía, sus ideas fueron atribuidas a Van Helmont. Un caso más de olvido malintencionado, que conviene enmendar.

martes, 19 de febrero de 2013

Filosofighters: Un filosojuego de lucha


   ¿Quién dijo que filosofía y videojuegos son incompatibles? A lo mejor fui yo... Bueno, si fue así, olvidémoslo, y perdonad. Porque trasteando por Internet he descubierto este jueguecito, que es una verdadera humorada. Si algún alumno está harto de estudiar las teorías de Platón, San Agustín, Rousseau, etc., ahora puede ver cómo se dan todo tipo de mamporros, eso sí, en aras de la verdad. Una distracción tan tonta como divertida, que, sin dañar a nadie, puede hacernos pasar un buen rato. ¡Pegad duro al pensador que os caiga peor!
  Podéis encontrar más información en: Filosofighters: Un filosojuego de lucha

2º de Bachillerato: San Agustín, antecesor de Descartes

   

   "También nosotros reconocemos una imagen de Dios en nosotros. No es igual, más aún, muy distante; tampoco es coeterna, y, en resumen, no de la misma sustancia de Dios. A pesar de todo, es tan alta, que nada hay más cercano por naturaleza entre las cosas creadas por Dios; imagen de Dios, esto es, de aquella suprema Trinidad, pero que debe ser aún perfeccionada por la reforma para acercársele en lo posible por la semejanza. Porque en realidad existimos, y conocemos que existimos, y amamos el ser así y conocemos. En estas tres cosas no nos perturba ninguna falsedad disfrazada de verdad... Estamos completamente ciertos de que existimos, de que conocemos nuestra existencia y la amamos. Y en estas verdades no hay temor alguno a los argumentos de los académicos, que preguntan: ¿Y si te engañas? Si me engaño, existo; pues quien no existe no puede tampoco engañarse; y por esto, si me engaño, existo. Entonces, puesto que si me engaño, existo, ¿cómo me puedo engañar sobre la existencia, siendo tan cierto que existo si me engaño? Por consiguiente, como sería yo quien se engañase, sin duda en el conocer que me conozco, no me engañaré. Pues conozco que existo, conozco también esto mismo, que me conozco. Y al amar estas dos cosas, añado a las cosas que conozco como tercer elemento, el mismo amor, que no es de menor importancia." (SAN AGUSTÍN, De Civitate Dei, XI, 26.)

2º de Bachillerato: Filosofía política de Descartes

Descartes y la Reina Cristina de Suecia

   

   En el plano político (como señala Luis Díez del Corral, en su artículo "Historia y política en la vida y obra de Descartes" [Estudios de ciencia política y sociología. Homenaje al profesor Carlos Ollero, Madrid, 1972, pp. 69-81]), Descartes siempre supo acudir a los poderosos, y tuvo un claro sentido del peso de las instancias políticas, intelectuales y espirituales que dominaban la escena de la época. De ahí su respeto a ultranza hacia los dogmas de la Iglesia católica, así como la amistad que mantuvo con la princesa Elisabeth del Palatinado, o la Reina Cristina de Suecia.
   "Mucho se ha discutido -dice del Corral- sobre las ideas o las opiniones políticas de Descartes, pretendiendo detectar criterios reformadores y aún revolucionarios en pliegues escondidos de sus escritos; pero lo cierto es que, si abandonamos el terreno de las interpretaciones hipotéticas, y nos atenemos a los hechos concretos de la biografía del filósofo y al texto de sus obras y de su correspondencia, no se puede menos de pensar que sus palabras en materia política respondían a una actitud auténtica y seria. La suspensión de su crítica, en lo que a las materias políticas se refiere, no fue cuestión de mera cautela. Acaso de sus premisas filosóficas tenían que derivarse lógicamente conclusiones reformadoras o transformadoras de las instituciones políticas; pero el filósofo no fue consciente de tal conexión deductiva o se esforzó por acallar su conciencia, sobre la que pesaban creencias, devociones y acaso también reflexiones profundas, más o menos explícitas, sobre la índole peculiar de las estructuras políticas y sociales.
   "El caso es que debemos pensar, a la luz de los hechos concretos de la biografía de Descartes, que fue sincero consigo mismo cuando en la segunda parte del Discurso del método escribe: "No puedo aprobar de ninguna manera a esos hombres de humores agitados ("humeurs bouillonnés") e inquietos que, no estando llamados ni por nacimiento ni por su fortuna al manejo de los negocios públicos, no dejan de hacer en ellos, en idea, alguna nueva reforma; y si se pensara que hay la menor cosa en este escrito por la cual pudiera sospecharse que incurre en semejante locura, estaría muy arrepentido de haber autorizado su publicación. Jamás mi intención ha ido más allá de intentar reformar mis propios pensamientos, ni de construir sobre un fondo que es completamente mío ("de bâtir dans un fond qui est tout à moi")."
   "El pensamiento cartesiano, cualquiera que fuese su ulterior, incluso lógica evolución, está originalmente dividido, por radicales dualismos: res extensa, res cogitans, cuerpo y alma, intuición intelectual y sensibilidad, orden intelectual y orden social. Este último puede llegar incluso a introducirse en la esfera de la misma ciencia, con sus sólidos y autónomos fundamentos intelectuales. Por ejemplo, la teoría sobre el movimiento de la tierra estaba considerada como innovadora en el orden político-social. Descartes no comprende por qué razón, pero en tanto que así ocurre, el filósofo, sin detrimento de la teoría, respeta la vigencia social.
   "También en el campo de la vida política las fronteras no son tajantes. Sobre Grecia escribe: (...) "Creo que si Esparta ha sido antaño muy floreciente, no ha sido a causa de la bondad de cada una de las leyes en particular, puesto que varias de ellas eran muy extrañas e incluso contrarias a las buenas costumbres, sino a causa de que, no habiendo sido inventadas más que por uno solo, todas tendían al mismo fin". Abundando en la misma idea, típicamente cartesiana, escribe en el mismo Discurso que, "frecuentemente no hay tanta perfección en las obras compuestas de varias piezas y hechas por diversos maestros, que en aquellas donde uno solo ha trabajado. Así se ve que los edificios iniciados y acabados por un solo arquitecto suelen ser más bellos y estar mejor ordenados que aquellos que han tratado de arreglar varios arquitectos, utilizando viejos muros que habían sido construidos para otros fines".
   "A continuación, Descartes compara las antiguas ciudades, que han comenzado por ser aldeas y se han convertido con el correr del tiempo en grandes urbes, con las plazas regulares que un ingeniero traza a su fantasía sobre una llanura. "En las primeras es posible hallar edificios aislados que encierren tanto arte e incluso más que los de las segundas; sin embargo, cuando se observa cómo están ordenados, aquí uno grande, allí uno pequeño, y cómo hacen que las calles sean curvas e irregulares, diríase que los ha dispuesto más bien la fortuna que la voluntad de algunos hombres, empleando la razón". Se ha querido deducir de tales observaciones un oculto designio racionalista, ordenador y revolucionario en materia política por parte de Descartes. Pero, en definitiva, ¡qué mejores agentes de un tal designio que los monarcas absolutos que por todas partes, y principalmente en Francia, planeaban nuevas ciudades cortesanas, parques geométricamente trazados y nuevas fortificaciones concebidas con depurada racionalidad militar!
   "Mas, incluso frente a tales intentos reformadores, Descartes se muestra en diversos pasajes de su obra y de su correspondencia partidario de dejar entregadas las estructuras sociales y políticas al lento modelado de la tradición. Los grandes cuerpos sociales han ido creciendo en el curso del tiempo y resulta peligroso intentar reformarlos radicalmente por iniciativa particular. Una vea abatidos, es muy difícil volver a levantarlos, y también lo es incluso mantenerlos en pie cuando se han visto sacudidos; sus caídas no pueden menos de ser muy rudas. "Además, en cuanto a sus imperfecciones, si es que las tienen, como tan solo la diversidad que entre ellos se da basta para asegurar que las tienen, el uso las ha limado sin duda grandemente, e incluso ha evitado o corregido muchas de ellas, a las que no se podría proveer por prudencia; y, en fin, resultan casi siempre más soportables que su cambio, de la misma manera que los grandes caminos que dan vueltas entre las montañas se van haciendo poco a poco tan lisos y cómodos a fuerza de ser frecuentados, que es mucho mejor seguirlos que pretender marchar derechamente escalando sobre las rocas y descendiendo hasta lo profundo de los precipicios".
   Descartes se presenta en estas líneas como un auténtico pensador político conservador y aún incluso tradicionalista. El uso, la costumbre van dando paulatinamente las la forma a las instituciones. sus imperfecciones tienden a mitigarse, como las desigualdades del camino con el paso de los transeúntes. La historia configura con su ponderado proceso las realidades socio-políticas, y actúa de continuo como instancia moderadamente reformadora. Trátase de una historia anónima, tejida de creencias, de hábitos, de rutinas, de convenciones acomodaticias, y que llega segura, cierta, al mismo umbral de nuestra actualidad. No es algo fantástico cómo el contenido de aquellas fábulas e historias que leyera Descartes estudiante y que estaban escritas en libros eruditos y no sobre el "gran libro del mundo". "Los que regulan sus costumbres por los ejemplos que extraen de las historias -dice Descartes- están llamados a caer en las extravagancias de los paladines de nuestras narraciones y a concebir designios que sobrepasan nuestras fuerzas". Usa Descartes el término paladín, refiriéndose sin duda a los héroes legendarios del séquito de Carlomagno o del Rey Arturo, o acaso acordándose del Amadís de los libros de Caballería, por quien se sintió especialmente atraído."
   Más información sobre este tema en el excelente artículo de Víctor Samuel Rivera: Descartes y el emperador: La filosofía política de Descartes

domingo, 17 de febrero de 2013

La crisis dilucidada (y 15): Ladrón de bicicletas: El honor de los que pierden


   No conozco nadie que pueda contener las lágrimas ante el emocionante final de la mítica Ladrón de Bicicletas (Vittorio de Sica, 1948). Han pasado sesenta y cinco años del rodaje de esta obra maestra, una de las diez mejores películas de la historia del cine, y parece como si nada hubiese cambiado: la miseria del sistema capitalista; la feroz competencia que impone a los trabajadores, para obtener los escasos puestos de trabajo que les ofrecen; la desesperación del parado, que es víctima de los innumerables sinvergüenzas que genera una sociedad hostil e injusta, y, sobre todo, ese final de antología, en el que vemos cómo la degradación alcanza incluso a los mejores y más nobles, arrastrando sus vidas y su honor por los suelos. Sólo el amor (en este caso, el amor filial) prevalecerá, contra todo y sobre todo. El tiempo de crisis, con sus miserias, pasa; pero los valores permanecen, porque son inmutables. Aquí no caben relativismos, ni medias tintas, porque contemplamos la VERDAD con mayúsculas, en estado puro.



jueves, 14 de febrero de 2013

Música y esclavitud mental


   Algunos nos preguntamos: ¿Qué ha sido de la gran música del pasado? Y no me estoy refiriendo a la llamada música "clásica", que parece ya irrecuperable (¿cabría pensar en la existencia de un compositor como Mozart o Beethoven hoy en día?), sino simplemente a la gran música pop y rock de, pongamos por caso, los años 70 a 80 del pasado siglo. La "música" actual da la impresión de haberse vendido por completo a la industria cultural denunciada por Adorno; es un reflejo perfecto de nuestra época: absolutamente igual a sí misma, plana, anodina: no existen diferencias entre las distintas composiciones. Solo mínimas variaciones hacen que parezca diferente. Es como esa moda, pretendidamente "desigual", pero que es siempre y en todas partes "igual", desesperadamente uniforme. 
   ¿Exagero? Pienso que no. Un famoso DJ alemán decidió hacer una mezcla de las más importantes canciones del momento, y de ella resultó una composición que  -¡sorpresa!- es exactamente igual a las partes que la constituyen, sin aportar absolutamente nada nuevo. Se trata de una especie de ritmo hipnótico, robotizado, dirigido a machacar los cerebros de las masas esclavizadas, con una secuencia de sonidos repetitiva y sumamente primitiva. No olvidemos que el ritmo es la parte más primigenia y ruda de la música, su fundamento, pero únicamente eso. Una música reducida a puro ritmo habría carecido de interés para la sofisticada mente del europeo de hace un siglo. Ahora, en cambio, no parecemos capaces de digerir otra cosa: comida basura, literatura basura, arte basura, cine basura... y música basura.
   Ahí va el "genial" tema elaborado por el DJ que he citado (en el que, claro está, no faltan las "sacerdotisas" de turno, moviéndose todas igual, con cuerpos igualmente esculturales, realizando iguales pasos de baile, etc.):Video-dj-aleman-demuestra-quetoda-musica-comercial-se-parece

En el videoclip aparecen canciones de:

Taio Cruz – Hangover
LMFAO – Party Rock Anthem
Adele – Rolling in the deep
David Guetta con Usher – Without you
David Guetta con Sia – Titanium
Snoop Dog – Sweat
Bruno Mars – Grenade
Avicii – Levels
Rihanna con Calvin Harris – We found Love
Jennifer Lopez – On the floor
Swedish House Mafia – Miami 2 Ibiza
Martin Solveig con Dragonette – Hello
Aura Dione – Geronimo
Sak Noel – Loca People
DJ Antoine – Welcome to St. Tropez
Britney Spears – Till the world ends
LMFAO – Sexy and I know it
Maroon 5 – Moves like Jagger
David Guetta con Flo Rida – Where dem Girls at
Jason Derulo – Don’t wanna go home
Enrique Iglesias – Tonight
Pitbull con Neyo – Give me everything (tonight)
Alexandra Stan – Mr. Saxobeat
Mono & Nikitaman – Dezibel
Black Eyed Peas – Just can’t get enough
Rihanna – S&M
Foster the People – Pumped up kicks
Coldplay – Paradise
Lady Gaga – Judas


...O eso dice el comentario de Youtube, porque a mi me parece que todas son la misma canción: una especie de tamborileo en homenaje a King Kong, que quizás resonó antaño en los nefandos cultos de Baal-Moloch, pero indigno de una persona realmente culta. Claro que lo que importa es que esta "música" sea lo más simplona posible, porque así llegará a la gran mayoría, compuesta de simples, y las ventas aumentarán. Pero la preguntilla que me viene a la mente es esta: ¿Y si en vez de caldear las mentes de la gente con esta bazofia las educaran con una música más elaborada? ¿Es la gente simple, y por eso hay que ofrecerles esta música (como creen los malvados que nos dirigen), o se les vuelve simples sometiéndoles día y noche a su influencia, mediante los medios de comunicación, para que desconozcan lo bueno y no exijan nada más? Me parece que tengo la respuesta.
   Por lo demás, este efecto "hipnótico" de la música no es exclusivo de sus producciones más comerciales. Muchos artistas viven de ejercer este efecto sobre sus fanatizados escuchantes, o los asistentes a sus conciertos, a fin de anular su capacidad crítica y manipular sus mentes... en su propio beneficio, claro. Un maestro en crear este efecto "hipnotizador", verdaderamente "vampírico", es el incombustible Miguel Bosé, que realmente parece capaz de sobrevivir, como el vizconde de Saint-Germain, a cualquier época. Fijaos, por ejemplo, en este tema, titulado Mirarte, que consigue hechizar a miles de jóvenes (y no tan jóvenes), mediante un ritmo obsesivo y una puesta en escena, en la que no falta el omnipresente "ojo que todo lo ve", así como una extraña estructura en forma de anillo, que sobrevuela el escenario atrayendo la atención del personal. Todo un experimento de desorientación mental de las masas. Resulta difícil, realmente, encontrar arrestos mentales para sobreponerse a su influencia:



   Para terminar, un artículo interesante sobre este problema: ¿No nos podemos sacar una melodía de la cabeza?

martes, 5 de febrero de 2013

Música iniciática: Battiato y el mito de la Atlántida


 ¿Qué es Franco Battiato? ¿Un músico? ¿Un filósofo? ¿Un moderno hermetista? Quizás todo eso a la vez, unido en una síntesis irrepetible. Admirador suyo desde hace muchísimos años, soy de los que piensan que su carrera no ha perdido un ápice de calidad, y que su capacidad para suscitar profundas reflexiones, lejos de disminuir, ha aumentado con los años. En este magnífico tema, editado, si mal no recuerdo en 2004, titulado Atlantide glosa el mito platónico de la Atlántida, haciendo hincapié en esa hybris, tan parecida a la de la sociedad tecnológica actual, que condujo al hundimiento de todo un continente, porque los seres humanos "non sopportarono la felicità".  Mito y música se alían con maravillosas imágenes, para producir una delicia visual y auditiva. Platón habría estado sumamente orgulloso.


E gli dei tirarono a sorte.
Si divisero il mondo:
Zeus la Terra,
Ade gli Inferi,
Poseidon il continente sommerso.
Apparve Atlantide.
Immenso, isole e montagne,
canali simili ad orbite celesti.

Il suo re Atlante
conosceva la dottrina della sfera
gli astri la geometria,
la cabala e l'alchimia.

In alto il tempio.
Sei cavalli alati,
le statue d'oro, d'avorio e oricalco.
Per generazioni la legge dimorò
nei principi divini,
i re mai ebbri delle immense ricchezze
e il carattere umano s'insinuò
e non sopportarono la felicità,
neppure le felicità,
neppure la felicità.

In un giorno e una notte
la distruzione avvenne.
Tornò nell'acqua.
Sparì Atlantide


1º de Bachillerato: Argumentos escépticos de Sexto Empírico


Si existe algo naturalmente verdadero

   "Habiendo, pues, entre los dogmáticos discrepancia acerca de lo verdadero, puesto que algunos dicen, en efecto, que existe algo verdadero; más otros, que nada verdadero existe, no es posible resolver la discrepancia, ya que el que diga que existe algo verdadero no será creído, dada la discrepancia, diciendo esto sin demostración; y si quiere admitir demostración, si conviene en que ésta es falsa, será increíble; pero diciendo que la demostración es verdadera, cae, ciertamente, en el discurso dialelo; y se requerirá demostración de que la misma es verdadera; y de aquélla, otra, y hasta lo infinito. Mas es imposible demostraciones infinitas; luego imposible también conocer que existe algo verdadero. Además, el "algo", que dicen ser lo más general de todo, o es verdadero, o falso, o ni falso ni verdadero, o falso y verdadero. Ahora bien, si dijeren que él es falso, convendrán en que todo es falso. Pues así como, ya que el animal es animado, todos los animales particulares son también animados; asimismo, si lo más general de todo (el "algo" es falso, también todo lo particular será falso y nada verdadero; de lo cual se colige, a su vez, que nada es verdadero, ya que hasta este mismo algo que existe (digo el que no es verdadero) es verdadero. Si el "algo" es falso y verdadero será cada una de las cosas particulares falsa y verdadera. De lo cual se sigue que nada es naturalmente verdadero. Pues lo que tenga tal naturaleza que sea verdadero, de ningún modo puede ser falso. Pero si el "algo" no es falso ni verdadero, se conviene en que también todas las cosas particulares que se dicen no ser falsas ni verdaderas no serán verdaderas. Y por tanto, en consecuencia, será obscuro para nosotros si existe lo verdadero. Además de esto, o son sólo aparentes las cosas verdaderas, o sólo obscuras, o, de las verdaderas, unas son obscuras, otras aparentes. Pero nada de esto es verdadero, como mostraremos; luego nada es verdadero. En efecto, si las cosas verdaderas son sólo fenómenos, o dirán que todos los fenómenos son verdaderos, o que algunos. Y si todos, de fijo se subvierte el discurso; pues a algunos aparece que nada es verdadero. Mas si algunos, nadie puede irresolublemente decir que éstos son verdaderos, aquéllos falsos, sino que, necesitando de criterio, o dirá que este criterio es aparente, u obscuro. Y de ningún modo obscuro, pues solos los fenómenos se suponen ahora verdaderos. Pero si aparente, puesto que se indaga qué fenómenos son verdaderos, cuáles falsos, también el fenómeno que se toma para la decisión de los fenómenos necesitará de nuevo de otro criterio, y éste de otro, y hasta lo infinito. Mas imposible resolver infinitos; luego imposible comprender si son sólo fenómenos las cosas verdaderas. Y análogamente, el que diga que sólo las cosas obscuras son verdaderas, no dirá que son todas verdaderas (pues no dirá que es verdadero que las estrellas sean en número regular o existan en irregular); pero si algunas, con qué juzgaremos que estas cosas obscuras son verdaderas, aquellas falsas? Pues de ningún modo por lo aparente; si empero por lo obscuro, puesto que indagamos cuáles de las cosas obscuras son verdaderas y cuáles falsas, necesitará también esta obscura de otra obscura que la dilucide, y ésta de otra, y hasta lo infinito. Por tanto, tampoco es solamente obscuro lo verdadero. Resta decir que de las cosas verdaderas, unas son aparentes, otras obscuras; mas también esto es absurdo. Pues o todas las aparentes y todas las obscuras son verdaderas, o algunas aparentes y algunas obscuras. Ahora bien, si todas, de nuevo se subvertirá el discurso, concediéndose que es también verdadero el "nada es verdadero", y se dirá verdadero que son los astros en número regular y que existen éstos en irregular. Si empero algunas de las aparentes y algunas de las obscuras son verdaderas, ¿cómo dilucidaremos que, de las aparentes, éstas son verdaderas, aquéllas falsas? Pues si por el fenómeno se lanza el discurso en infinito; si por lo obscuro, puesto que también las cosas oscuras necesitan de resolución, ¿por qué esta cosa obscura será a su vez resuelta? Pues si por lo aparente, resulta el tropo dialelo; si por lo obscuro, el que empuja a lo infinito. Y análogamente se ha de decir acerca de las obscuras; pues el que pretende juzgarlas por algo obscuro se arroja en infinito; mas el por lo aparente, o en infinito, asumiendo continuamente lo aparente, o en el dialelo, alternando con lo obscuro. Luego es falso decir que, de las cosas verdaderas, unas son aparentes; otras, obscuras. Si, pues, ni son verdaderas las cosas aparentes, ni las obscuras solas, ni algunas aparentes y otras obscuras, nada es verdadero. Pero si nada es verdadero, mas el criterio parece que se emplea para la decisión de lo verdadero, inútil y vano es el criterio, aunque le demos por concesión que tiene cierta existencia. Y puesto que hay que abstenerse acerca de si existe algo verdadero, es consecuente que se precipiten los que dicen que es la dialéctica ciencia de lo falso, de lo verdadero y de lo indiferente."
(Sexto Empírico, Hipotiposis pirrónicas, Libro 2º, párrafo 9)

   ¿Está claro? ¿No? ¿Es quizás demasiado para las mentes actuales? Bueno, pues entonces podéis ver este sencillo vídeo, aunque no resulta ni comparable:


 

2º de Bachillerato: Las Reglas del método cartesiano



LAS REGLAS BÁSICAS DEL MÉTODO

   "Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica y de las matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné advertí, con respecto a la lógica, que sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como en el arte de Lulio, para hablar sin juicio de las que se ignoran que para aprenderlas. Y si bien contiene, en efecto, muchos buenos y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o superfluos que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un mármol no trabajado. En lo tocante al análisis de los antiguos y el álgebra de los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias que no parecen ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras que no puede ejercitar el entendimiento sin fatigar en mucho la imaginación; y en el último hay que sujetarse tanto a ciertas reglas y cifras que se ha hecho de él un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el espíritu, en lugar de una ciencia que lo cultive. Esto fue causa de que pensase que era necesario buscar algún otro método que, reuniendo las ventajas de estos tres, estuviese libre de sus defectos. Y como la multitud de leyes sirve a menudo de disculpa a los vicios, siendo un Estado mucho mejor regido cuando hay pocas pero muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran número de preceptos que encierra la lógica, creí que me bastarían los cuatro siguientes, siempre que tomara la firma y constante resolución de no dejar de observarlos ni una sola vez.
   Consistía el primero en no admitir jamás como verdadera cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no comprender, en mis juicios, nada más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.
   El segundo, en dividir cada una de las dificultades que examinare en tantas partes como fuese posible y en cuantas requiere su mejor solución.
   El tercero, en conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos otros.
   Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviera seguro de no omitir nada." (Discurso del Método, 2ª Parte)